EL PAÍS. Una infección bacteriana desfiguró el rostro de Carme. El microbio se expandió por el tejido facial y le provocó una gravísima necrosis que le destrozó la cara. “No podía comer porque mi boca no se abría, me faltaba medio trozo de nariz y no respiraba bien; físicamente era bastante desagradable y no podía hacer vida normal par nada”, cuenta. Su vida se paró, todo se oscureció. Dejó, incluso, de salir de casa. Pero hace cuatro meses, apareció “un rayo de luz”, relata: fue el complejísimo e insólito trasplante de cara que le practicaron en el Hospital Vall d’Hebron de Barcelona para devolverle esa funcionalidad facial perdida. En el mundo, apenas se han realizado medio centenar de intervenciones de este tipo (seis en España), pero el de Carme, que pide figurar sin apellido, es especialmente inaudito: es el primer trasplante de cara que se hace en el globo a partir de una donante que recibió la eutanasia.

Carme, primera paciente en el mundo que ha recibido un trasplante de cara con tejido procedente de una donante que recibió la eutanasia. Gianluca Battista
